Cap 17:
Mi mamá y yo subimos las escaleras y entramos a mi habitación.
-Mamá –le dije-… mi papá –noté que ella se puso nerviosa-. ¿Por qué no vino nunca? Se suponía que llegaría como hace dos años.
-Si –me dijo-, pero… -se quedó muda-
-Mamá, respóndeme de una vez, estoy harta de que siempre que la cosa es “dura” te pongas muda y no me respondas.
-Tu padre se quedó a vivir en Malasia porque ahí tiene una esposa y dos hijos menores que ti. Cuando él me dijo que se iba a vivir a Malasia me puse muy mal y por eso nos peleamos, pero lo superé por ti. Medio año después yo te di la noticia de que él se quedaría allá otro año más pero como medio año después me llamó y me dijo que había conocido a otra mujer, que desde que la conoció, hacía 2 años vía Internet, se había enamorado perdidamente de ella y que estaba embarazada de mellizos, que se quedaría allá porque el la amaba y que sentía que yo estaba con él sólo por su dinero, lo cual no es cierto ya que yo puedo mantenernos muy bien sola, y que no te dijera nada para “no lastimarte”. Su esposa se llama Mikayla y sus hijos se llama Fritz y Carla, tienen… un año y medio. Cuando le pregunté si me había estado engañando desde que tú tenías 11 años, ¿sabes lo que me respondió, Catalina? –se largó a llorar- me respondió que si, y cortó. Y desde hace dos años no tengo más noticias de tu padre.
Me quedé en shock. Algo me comía por dentro, horrible. ¿Mi papá? ¿Mi papá había hecho eso? Era horrible pero sentía ganas de matarlo. Ni siquiera me había dicho que tengo dos hermanos. No me salían ni las lágrimas de la rabia que tenía adentro. Agarré un almohadón, me lo puse sobre la cara y empecé a gritar. Necesitaba desahogarme. Cuando estuve más tranquila bajamos y Just estaba sacando la tarta del horno como podía. Pobre, se nota que nunca cocinó una tarta en la vida.
Reí.
-Just, déjamelo a mi.
-Mejor –dijo él dejando la tarta en el horno nuevamente-.
-¡Primero hay que apagar el horno! Podrías haberte quemado niño.
-Perdón –dijo el sonrojándose-
Saqué la tarta de horno y les pedí que pusieran la mesa. Cuando la pusieron llevé unos corchos redondos y puse la fuente de la tarta sobre ellos para que la mesa no se quemara. Serví una porción a cada uno incluyéndome a mi, nos sentamos y empezamos a comer.
-¡Esto está espectacular! –dijo Justin-
Yo sonreí sin mostrar mis dientes.
La cena transcurrió normal y de pocas palabras. Cuando terminamos me levanté y empecé a juntar la mesa. Llevé los platos hacia la pileta y me puse a lavar.
Mi mamá dijo estar cansada y se fue a dormir. Justin, como no podía ser de otra forma, se fue a ver fútbol.
-¿Por qué no me ayudas acá? –le pregunté-
-Mm –dijo el. Si, no me está prestando atención-
-Justin –dije-. Justin
No contestó.
-¡Justin Drew Bieber! –exclamé-
-¡No molestes! –dijo el-
Mi cara… ay, mi cara; si se imaginaran… Justin podía ser un imbécil cuando se lo proponía.
-Si vas a vivir en mi casa, vas a tener que aportar algo, ALGO por lo menos Justin Drew –le dije enojada-
-Aporto mirando fúltbol, que a ti no te gusta.
-¡¡Idiota!! –grité y le pegué una cachetada-
El se tocó el cachete, que lo tenía rojo, y yo me fui satisfecha de lo que había hecho a mi habitación.
Me puse el pijama y fui al baño a cepillarme los dientes. Me miré al espejo y pensé “espero que aprenda… pobre, no tendría que haberlo hecho… ¿O si?”.
Me cepille los dientes e hice pis. Me dirigí a la puerta pero cuando traté de abrirla me di cuenta de que estaba cerrada.
-Muy gracioso –dije-. Que infantil, Justin. Que infantil.
-Soy Justin Bieber, a mi nadie me pega una cachetada. Y menos una nenita histérica que no sabe lo que quiere.
-¿Qué yo no se lo que quiero? Deberías mirarte en el espejo primero.
-Fue un error recurrir a vos y a tu mamá. Un grave error.
Me abrió la puerta y seguimos discutiendo hasta llegar a mi habitación. Yo le había hecho una cama para que no durmiera en el sillón. Si, la hice YO.
-¡Cállate! –le dije y me tiré en mi cama-
El se acostó y yo me tapé. Que mal… yo lo amaba pero el era muy creído. No era el Justin de antes, mi Justin.
Al otro día me desperté y el estaba durmiendo. Decidí que hoy iría a la escuela, no me quedaría otro día mas encerrada en esta maldita casa con este chico.
Entré al baño; me puse el uniforme, me cepille los dientes y me hice una coleta.
Agarré mi mochila y bajé; la dejé en el sillón y empecé a desayunar. Mamá ya no estaba. Terminé y guardé todo. Si Justin quería desayunar, que se lo prepare el mismo. Já, que mala que soy.
Salí y me fui caminando hacia la escuela. Miré mi reloj-muñeca y marcaba las
7.30. Temprano todavía.