Capítulo 13
¡Ahh! –grité-
Todos me miraron, parecía una tonta.
-¿Qué pasó? –me dijo Nick-
-No, nada, es… es que vi algo.
-Ahh, ya, ya. Tranquila... –dijo Nick al tiempo que me abrazaba- Nos ubicamos en nuestros lugares y llegó la maestra.
-Alumnos, me han dado es mensaje que debo comunicarles; hay un concurso en Canadá y los Estados Unidos –dijo la maestra-. Se trata sobre una obra de caridad. Deben juntar alimentos no perecederos y latas de legumbres. La secundaria que más comida recolecte, tendrá una, seguramente, muy agradable visita; un concierto privado de… Justin Bieber.
Todas las chicas que habían entrado a la escuela después de que Justin se halla ido (debo decir que eran muchas), lo amaban. Tenían carpetas con su cara, separadores, pulseras, vinchas, y hasta medias.
En seguida se pusieron a organizar la salida para recolectar comida. Por lo que escuché irían a tocar las puertas de sus vecindarios, y de almacenes y supermercados.
Cuando sonó el timbre pretendía salir del aula para irme a mi casa, pero esos dos chicos me agarraron el brazo.
-Ven con nosotros –dijeron a coro-
-¡No! –grité yo indignada, ¿qué creen? ¿Qué me van a mandar así?- Ustedes no son quién para decirme lo que tengo que hacer.
-Confía en nosotros –dijo uno-
-¿Y por qué he de hacerlo? –le pregunté-
En ese momento me taparon la boca y me metieron en un armario que no se había abierto en mucho, mucho tiempo. Ellos también se metieron y me taparon los ojos.
Yo empecé a gritar incoherencias, y trataba de moverme, pero mis músculos no me respondían. Al darme cuenta de eso, empecé a insultar a esas misteriosas personas.
-Llegamos –dijo uno-
Me sacaron del armario, pero ya no estábamos en el salón de clases, estábamos en el lugar de mis sueños.
-¡Oh, no! –dije- Debo haberme quedado dormida. O tal vez estoy loca…
-No, no estás dormida ni loca –dijo uno-. Hola, soy Dominik.
-Yo soy Tiziano –dijo el otro-
-¡¿Y a mi me importa saber sus nombres?! –pregunté enfadada- Ustedes me secuestraron, y me trajeron acá sobre mi voluntad.
-Hola, Kate –me dijo el “director” de esa escuela, el hombre que me había dicho que tenía superpoderes- ¿Cómo estás?
Yo no le contesté.
-Pueden retirarse –les dijo a Dominik y Tiziano-
Los dos chicos salieron de la habitación, dejándonos solos al señor y a mi.
-Hola, Kate –dijo nuevamente-. Yo soy el director de esta escuela. Mi nombre nadie lo sabe, pero puedes llamarme Sr. Smith.
Yo seguía sin hablar. ¡Estaba enojadísima!
-Oh, Kate –siguió hablando-. Lo lamento, no quería que fuera así, pero tú te rehusaste a ir con ellos por las buenas.
-¿Por qué me inmovilizaron los músculos? –le pregunté yo neutramente-
-Por ese mismo motivo, Kate –dijo el hombre-. Escucha, entiendo que estés enojada, indignada, o lo que sea, pero fue por tu propio bien. Necesitabas venir aquí, este es tu lugar.
-No –le dije-, mi lugar es mi casa, con mi mamá, y mi papá, mi novio y mis amigos.
El Sr. Smith se quedó mirándome, con cara de no comprender lo que yo estaba diciendo.
-Si, Sr. Smith –le dije-, yo siento que ese es mi lugar, lo aquí-
-No lo entiendo… -dijo el- deberías sentir que este es tu lugar.
-Pues no es así –le dije yo, aunque sentía ciertas ganas de quedarme allí-
-Bueno… -dijo el- sigamos.
Salimos de esa habitación, que creo era su oficina, y me llevó a otra. Cuando entramos parecía una habitación de un hotel de 5 estrellas.
-Esta es tu habitación –me dijo-. La compartirás con dos chicas; Tiffany y Jennifer.
Yo estaba asombrada, mirando el techo con la boca abierta. Era hermoso, muy amplio.
El Sr. Smith me mostró mi cama. Extrañamente mis maletas ya estaban en el piso.
-Ah –dijo el-, me tomé el atrevimiento de pedirles a Dominik y Tiziano que armaran tus maletas. Espero que no te moleste.
-No –dije yo-, en absoluto –empezaba a tomarle cariño a ese lugar-. ¿Me quedaré aquí para siempre? –pregunté-
-Podras ir y venir –me dijo-. Pero presiento que pasaras más tiempo aquí que alla-
-Ok –dije yo-
-Bueno, adiós.
-Adiós.
El Sr. Smith salió de la habitación al tiempo que entraban dos chicas. Supuse que eran Tiffany y Jennifer.
-¡Hola! –dijeron a coro-
-Nos dijeron que tendríamos una nueva compañera –dijo la rubia sonriendo-. Hola, soy Tifanny.
-Y yo soy Jennifer –dijo la castaña-
-Hola, soy Kate –les respondí yo sonriendo-
Me mostraron la habitación o, debo decir, mini-departamento, completo. Tenía un baño y un living (si, lo sé, rarísimo).
Cuando terminó el recorrido, me dijeron que debíamos ir a nuestras clases.
-¿Y tú que poder tienes? –me preguntó Tiffany-
-Ahh… -le dije- veo el futuro.
-Genial –me dijo—
-¿Y ustedes? –les dije-
-Yo leo mentes –dijo Tiffany-
-Y yo puedo mover cosas con mi mente-
-¡No es justo! –objeté- Sus poderes son mejores que los mios.
-¡No es cierto! –dijeron y las tres nos reímos-
Salimos de la habitación, rumbo a la clase que, si bien me acordaba, era “Telekinésis”.
Había como 10 chicos charlando. Cuando entré todo se dieron vuelta a mirarme. La “nueva”, otra vez.
-Chicos –dijo Tiffany-, ella es Kate. Es nueva.
-¡Hola Kate! –dijeron algunos-
Segundos después entró una mujer, aparentaba de unos 30 años.
-Libro “Telekinésis”. Página 80.
-Ejem –dijo Jennifer-… profesora, ella es Lucy y es nueva.
-¡Oh! –exclamó la profesora- Lo lamento. ¡Hola, Kate! ¿Cuál es tu poder?
-Veo el futuro –le respondí-
-Ajá… interesante.
Me dijo que me ubicara en un asiento y me fui al fondo, donde había un banco libre. Al lado de un chico. ¡Ay, pero que chico!
Cuando llegué ahí me miró con una cara… debía ser el popular, el atleta, el que todas aman; el casanova.
-Hola –me dijo y me dirigió una mirada seductora-. Soy Robert, pero tú puedes llamarme Rob, muñeca.
Me sonrojé. Debía controlarme, tenía novio. ¡Oh! Nick…
Me senté y me di cuenta de que no tenía libros, ni nada.
-Profesora –dije levantando la mano-…
-¿Si? –me dijo-
-No tengo mis libros –le dije-
-Abre tu mochila-
-¿Mochila? –pensé- ¿Qué mochila?
-Esta –me dijo Robert… Rob, señalando una mochila que estaba colgada de mi silla-.
Agarré un libro morado que decía “Telekinésis, por Adam Lacoste“
-Como el perfume –pensé-
-¡Exacto! –dijo Rob riendo-
-¿Qué? –le pregunté extrañada-
-Cómo el perfume –me dijo obviándolo-
-Sh, sh, sh –dijo la maestra aplaudiendo para captar nuestra atención-. Al fondo; silencio.
Me puse a leer y no entendía nada. Nada, nada. Presión de la atmósfera… cosas que no entendía…
Me levanté exaltada. El reloj marcaba las 6.30 AM. Decidí levantarme. Husmee por la puerta y mamá seguía durmiendo.
Bajé las escaleras en silencio y me asusté al ver que había… ¡Alguien durmiendo en mi sillón!